miércoles, 2 de noviembre de 2022

El evangelio de patas chuecas.

Una mañana como esta nació
Su madre casi muerta del parto
Su padre con Rubén cantaba la de Ramiro
Nació su niño, con un pan bajo el brazo a ser un inquilino de la casa 11 en la alameda 10.

En casa lo esperaban dos hadas
Con travesura y mañas su nuevo juguete favorito era un bebé:
No me lo vean mucho que se gasta
No le aprieten tanto los cachetes se le van a desinflar.

De golpe aprendió a caminar
Tropezando conoció su naturaleza
Balbuceando aprendió a hablar y ahora nunca se calla.

El menor del sacristán
Nunca permanece en silencio pero siempre escucha
Imagina nuevos mundos de maromeros y carros de lata oxidada 
Universos de escarchas y canicas.

Sus pies torcido corren sobre la callejuelas
Unos zapatos ortopédicos recibirá de regalo de cumpleaños o navidad
Sin saber como, corre, camina, cae y se levanta.

Al menor de tres le callo un libro una vez como a Newton la manzana
En esta vuelta la curiosidad le gana y del golpe leyó y ahora no se calla.

Una comedia celestial y un Hidalgo trastornaron su mente
Sintiendo el mundo de repente aprendió a hacer sentir
Se robo un lápiz y una libreta de la pulpería. 

Ahora sus historias son la nuestras
Cotidianas y habituales, memorias de barrio pobre con suma y resta

Conversaciones entre portones de su madre con concepción
Los viejos en los buses, y los sermones de un cura tartamudo
Todo lo recuerda y está escrito
Un evangelio de barrio sureño, de calles empolvadas, travesuras y correteo de zapatos correctivos.

Nunca lo volvimos a mirar
Dicen que se le enderezaron los pies

Ahora vive escondido, sale ocasionalmente a escuchar nuevas historias
Un poeta bendito con el poder de crear la ilusión
Sabe todas nuestras historias, pues son la suya
Y si el desenlace es la tristeza, nos inventara también la esperanza. 

La trajo desde niño, escondida bajo el brazo
La esperanza nuestra de cada día.






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