Desarrapado habitual, de calor y cariño
La cicatriz del hombre
La herida del niño
Parándose frente al portal envidia la compañía de los que juegan pelota y despiden el día con compañía y risa.
Sin salir nunca, regresa en carrera de pies torcidos a hacer una fortaleza de su casa.
La cara a la almohada
Olvida la regla de sin zapatos en la cama
Y se desgranan sus ojos de azucena hasta teñir la funda de color amargura que ningún detergente saca y nunca sacará.
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