Que se me deshilache el calzado y los pies por correr al rescate de mil caídos.
Que se formen ojos y bocas rojas en mis manos al sacar quinientos de las llamas.
Me quede sin aire en el pecho, sin expresión más que un grito eterno y aturdidor por doscientos niños enflaqueciendo.
Despelléjenme vivo por cien que pregunten por una fogata para sobrevivir el frío
De qué serviría la muerte de un hombre?,
uno
solo uno
Tan solo uno
Mil hombres aún escarbarían la tierra para su propio funeral
Quinientos matarían a estos primeros
Doscientos matarían a alguien más
Y cien se me matarían entre ellos.
Viva pues el hombre por todos sus semejantes
Muera pues por cualquier casa.
Deje en la última respiración sembrada la esperanza, suscite el mover de piernas que caminan para extender las manos y dar vida al yaciente
Para desafiar el final
Para vencer la muerte.
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