Siento esa fría mirada
Cómo ave de rapiña
Cómo puñal homicida clavada en mí nuca.
¿Paranoia?
No, no es paranoia
el miedo a lo imaginado, a la conjetura y a todas las lluvias que no se precipitan
En cambio.
Siento la desgracia
La calamidad de cartones y una esquina
El Infortunio de haber nacido entre laderas y jamás leer este poema ni los demás intentos de literatura.
Rondo en compulsivo tránsito mí mazmorra
Siento siempre esa fría mirada
Cómo se achican las paredes anchas
El incensante tintineo de un teléfono transnacional y el grito de un supuesto dios cruel con su rubia cabellera.
Quisiera devolver la mirada a eso que me mira e increpa desde mí espalda hasta la sustancia
La forma en la que sin vos me grita que tendré que pagar cada caricia aunque no esté en contexto de noche sucia, acera rasposa y dudable feminidad.
Cómo gruñe sin garganta, como frunce su ceño sin tener cejas, como mira y oye todo sin ojos ni las infimas orejas.
¿Cómo se enfrenta lo que no tiene cara?
¿Cómo se mira el vacío?
Fácil:
Mirese a un espejo y entérese
El abismo siempre se ha mirado por la empañada ventana de un espejo.
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