La noche me susurro los relatos de terror que nadie quiso oír.
Que mí carne se pudría y mí lengua se enroscaba
Hasta que nadie me escuchaba ni a nadie hablaba
Inútil la hazaña de explicarles algo que se que no comprenderían.
Los pies me pedían patear pequeñas rocas y polvo de camino sin decirme realmente adónde me querian llevar, sin brújula ni rumbo fijo.
Tan solo un nublado confuso destino.
Que se parte en brechas y bandos dónde el habla se convierte en un eco de zoológico en un hecatombe animal, dónde todos gritan y los primates se golpean el pecho.
Y se matan los hombres en las calles como halcones y serpientes, y se ahorcan entre cobradores y deudores.
La noche me susurro los relatos de terror que nadie quiso oír, y me dijo:
"Al final todos oyen el cuento del hombre al que se le olvidó esperanzarse".
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